Aquí vuelvo a subir algo sobre el embarazo psicológico, pues fue de las entradas que nos borraron.
Para sorpresa de muchos, una mujer puede presentar síntomas similares a los de la gestación, como falta de menstruación y crecimiento del vientre y senos, sin que se encuentre realmente encinta; la causa radica en ansiedad y necesidades psicológicas difíciles de expresar, como se describe a continuación.
Es una condición extraña, pero verídica, que llama la atención por ser una muestra palpable del enorme poder que la mente ejerce sobre el cuerpo y sus mecanismos. Es conocida desde tiempos remotos, como atestiguan los textos del padre de la Medicina occidental, Hipócrates (habitó Grecia del 460 al 370 antes de Cristo), y aún en nuestros días genera interrogantes por su peculiaridad.
Se trata del embarazo psicológico, también llamado mental, fantasma, imaginario o nervioso, y que a decir del Dr. Alejandro Escobedo Díaz, ginecólogo adscrito al Sanatorio Durango, en la Ciudad de México, puede ocasionar en la mujer “toda una sintomatología característica de la gestación, es decir, náuseas, vómito, aumento del tamaño de los senos, producción de leche, disminución o interrupción del flujo menstrual (amenorrea) y hasta dolor de parto”, a pesar de que no existe un embrión que se desarrolle en su interior.
A decir del especialista, un embarazo de este tipo puede presentarse en mujeres de diferentes edades y no necesariamente se vincula con algún problema físico u hormonal; tampoco es un factor que interfiera con la maternidad y mucho menos requiere de tratamiento ginecológico para ser superado.
Por ello, asegura que a pesar de que esta situación puede coincidir con casos en que la capacidad para tener hijos disminuye o es nula, “en realidad no hay relación directa o estrecha del embarazo imaginario con alguna causa orgánica, como tampoco hay manera de predecir cuándo va a ocurrir. El nombre común de este tipo de ‘gestación' indica su naturaleza con claridad, pues la aportación psicológica es determinante para que suceda”.
Miedo y ansiedadLa Dra. Cecilia Quero Vásquez, quien es terapeuta y conferencista del Grupo Psicología, Vida y Cambio (Psivicam) de la Asociación Mexicana de Alternativas en Psicología (Amapsi), detalla que el embarazo nervioso ha sido agrupado históricamente en distintas categorías (trastorno conversivo, histeria conversiva), pero en la actualidad forma parte de los trastornos somatomorfos, es decir, aquellos en que alguna necesidad emocional oculta, como angustia, ansiedad o carencia de afecto, se manifiesta a través de síntomas en el organismo.
De esta manera, detalla que un falso embarazo, “científicamente denominado pseudociesis, es en realidad un síntoma que presentan algunas mujeres que no pueden expresar verbalmente algo que es importante para ellas, y que simbolizan a través del cuerpo. Esta es una característica importante de los trastornos somatomorfos: se presentan en quienes tienen problemas para identificar sus sentimientos y hablar de ellos (alexitimia), y es por tal razón que los exteriorizan mediante un lenguaje oculto, como puede ser un padecimiento”.
Por ejemplo, una mujer puede ser presionada por su pareja, familia y entorno social para que tenga un hijo, pero ella no lo contempla dentro de sus planes a corto plazo. El miedo a defraudar a los demás o a desestabilizar su relación sentimental, pero también a contradecir sus emociones y su proyecto de vida, pueden hacer que desarrolle un embarazo ficticio para aliviar la tensión que experimenta.
Más aun, detalla la Dra. Quero, en los casos de infertilidad o esterilidad (incapacidad parcial o total para tener hijos, respectivamente) se puede presentar pseudociesis debido al fuerte deseo de tener descendencia. “Hablamos de mujeres sumamente ansiosas que suelen tener retraso de su periodo menstrual y otros síntomas porque piensan que están gestando, pero al corroborar que sus sospechas son falsas mediante una prueba casera u otros exámenes, presentar su sangrado en breve. Está claro que no se trata de algún trastorno mental, sino de la manifestación de una necesidad psicológica importante, una crisis o un duelo, que se acentúa si hay dificultad para expresar emociones”.
Otra situación es la que se presenta en adolescentes que inician su actividad sexual y, a pesar de usar un método anticonceptivo y contar con períodos regulares, experimentan retrasos de 2 ó 3 semanas en su menstruación. “He conocido muchos de estos ‘pequeños embarazos psicológicos' en los que, luego de tener su primera relación, las chicas manifiestan náuseas, vomito y sensación de movimiento fetal, lo cual es imposible en una gestación real durante los primeros 15 días, ya que las ‘pataditas' ocurren hasta el cuarto mes”.
Por lo general, señala la especialista, “se descubre que el temor de las jóvenes a tener un hijo es el que paradójicamente crea todos los síntomas. De este modo, hablar con ellas, darles información sobre sexualidad y permitirles que expresen su angustia les genera un descanso impresionante, gracias al cual su situación vuelve a la normalidad”.
Detección y apoyoPor su parte, el Dr. Escobedo Díaz hace hincapié en que, al menos en lo que respecta al aspecto ginecológico, no se requiere tratamiento alguno para atender un embarazo imaginario, salvo convencer a la paciente de que no espera un hijo. Sólo de esta manera se logra que disminuya su estado de tensión y se restablezca el equilibrio en su organismo, es decir, cesan la distensión abdominal, los mareos y se restaura su período menstrual.
Además, abunda en que “el diagnóstico debe hacerse de manera temprana para informar a la mujer lo que le ocurre y evitar que tenga problemas psicológicos. Debemos pensar, por ejemplo, en aquella paciente que ansía tener un bebé, ya que por lo general se niega a creer que su gestación es psicológica. Su tratamiento es difícil, y si no se le explica adecuadamente cuál es su situación, buscará a otro y otro médico para recibir tratamiento”.
En este sentido, asegura que el ginecólogo u obstetra puede realizar exámenes de laboratorio y ultrasonido (obtención de imágenes del interior del vientre mediante el uso de ondas de sonido) para convencer a la paciente de que su embarazo es imaginario. Los resultados de estas pruebas tienen la particularidad de que no pueden ser falseados y, por tanto, obligan a aceptar la realidad.
Asimismo, la Dra. Cecilia Quero explica que la ayuda psicológica es importante cuando se presenta la pseudociesis porque ayuda a ver esta situación no como un trastorno, sino como un síntoma. “Más que el embarazo psicológico en sí, lo que se debe atender es la problemática en la personalidad de la mujer o, siendo más precisos, sus dificultades afectivas, su imposibilidad para hablar de estos conflictos y la incapacidad para aceptar la posibilidad o la dificultad de ser madre”.
A pregunta expresa, la terapeuta considera que la presión social que se ejerce sobre la mujer llega a ser determinante para que se presente un embarazo psicológico. “En las adolescentes o las mujeres solteras, la idea de tener un hijo es motivo de temor y ansiedad porque significaría la interrupción de su proyecto de vida. A diferencia del hombre, ellas experimentarían los síntomas de la gestación, el dolor del parto y, en muchas ocasiones, asumirían la crianza del pequeño sin su pareja, convirtiéndose en madres solteras”.
De manera paralela, concluye la Dra. Quero Vásquez, las mujeres que no pueden concebir por problemas de fertilidad o porque ha concluido su edad reproductiva (se encuentran en el climaterio o menopausia) también enfrentan fuerte tensión emocional, ya que se les niega la posibilidad socialmente aceptada de “realizarse”.
“El deseo de ser madre es muy válido y representa una decisión importante para la mujer, pero desafortunadamente es un tema en el que intervienen demasiadas presiones sociales. Los estereotipos suelen enfatizar en que las mujeres son ‘seres malvados' a los que ‘se les perdona todo' a través de la maternidad, y por ello la incapacidad de tener un hijo, es decir, de reivindicarse, puede convertirse en una situación sumamente angustiante” que llega a generar alteraciones como el embarazo psicológico y que logra beneficios con ayuda de la psicoterapia, finaliza la especialista.